CANARIAS, ISLAS MASÓNICAS

(Información extraída del artículo “La masonería en Canarias”, de Manuel de Paz)

La fecha de 1870 inicia para Canarias una época de punto de partida para la masonería en las islas con un gran auge en la actividad masónica. Es considerada como una época de gran fuerza por la creación de talleres masónicos en las islas de Gran Canaria, Tenerife, La Palma y Lanzarote, así como por confluir de un gran número de masones, con una marcada participación social e intelectual y que quedan registrados en la época.

La historia de la masonería en Canarias ha estado ligada, a su vez, a la visión universalista de la masonería, por su situación geográfica, entre tres continentes y por su condición de región portuaria, de gran importancia para la apertura y llegada de la misma a través del Puerto de La Luz en la Isla de Gran Canaria.

Las primeras logias canarias pertenecieron al Gran Oriente Lusitano Unido y a partir de 1889, otros talleres masónicos entran a formar parte del Gran Oriente Nacional.

En 1870, se funda la logia grancanaria Afortunada adscrita al Grande Oriente Lusitano Unido. Posteriormente se fundan la Logia Teide y las logias Taoro con el número 53 y Nueva Era con el 93, que en noviembre de 1874 obtienen las cartas patentes del Gran Oriente Lusitano.

A esta gran actividad masónica se unirían Esperanza de Orotava nº 103 y la Logia Abora nº 91 en la isla de La Palma. Entre 1873 y 1874 se crea Fe Masónica Nº 91, logia federada al Grande Oriente de España y Atlántida 92 en 1875 en la isla de Lanzarote y Nivaria 96 junto con Hijos del Teide, en Tenerife.

Entre los años 1870 y 1878 la masonería canaria estaría compuesta por once logias con unos 250 miembros.

La ruptura con el Gran Oriente Lusitano termina con esta época de tal relevancia en las Islas comenzando las logias nuevas adhesiones a otras Obediencias como a la Confederación Masónica del Congreso de Sevilla, a la Gran Logia Simbólica Independiente Española o al Gran Oriente Español como la registrada con el número 124 y titulo distintivo de Idafe en la isla de La Palma entre 1891 a 1896.

Otro ejemplo es Timanfaya 199, de Lanzarote, que, en 1882, comienza una nueva etapa bajo los auspicios del Serenísimo Gran Oriente de España, o la logia Júpiter número 208, en la misma isla, bajo los auspicios del Grande Oriente Nacional de España, que perduró hasta 1889.

Comienza así un periplo de las logias por distintas obediencias que marcaría quizás la característica de Canarias de convertirse en un territorio especialmente sensible a la creación de logias bajo los auspicios de numerosas obediencias.

A finales del siglo XIX se produce un periodo en el que se suceden épocas de crecimiento y protagonismo con otros momentos de crisis. El Gran Oriente Lusitano declara la irregularidad de aquellos talleres que tuvieran "relaciones oficiales con los auspiciados por Orientes españoles". Este hecho hace que muchas logias inicien las gestiones para conseguir el amparo de la obediencia española, consiguiendo mantener su título distintivo y cambiando su número de registro según la inscripción a las nuevas obediencias.

En esta época se crea una nueva logia en el Puerto de La Luz de la ciudad de Las Palmas, que recibe el nombre de Luz Marítima Nº 226, bajo la obediencia del Grande Oriente Español, y dos talleres bajo la obediencia de la Gran Logia Simbólica Española del Rito Antiguo y Primitivo Oriental de Memphis y Mizraim. La primera de estas logias fue titulada Gran Canaria Nº 93 y la segunda logia del Rito Oriental, fundada a finales de 1893, fue denominada Honorable Gran Logia Provincial de Canarias.



CONSTRUYENDO EL PRESENTE.

En el siglo XX aparecerían las logias de Añaza, perteneciente al Gran Oriente Ibérico y posteriormente adscrita al Gran Oriente Español e impulsora de la creación del conocido templo de calle San Lucas en Santa Cruz de Tenerife, y, en Gran Canaria, se funda en 1900 una logia con el nombre de Prince of Wales Nº 1.

La trayectoria histórica de la masonería en Canarias tendría en los próximos años la fundación en Las Palmas de Gran Canaria de las logias Andamana y Acacia, bajo carta patente de la Gran Logia de Canarias.

El golpe de estado de 1936 se produciría el cese de la actividad masónica debido a la intolerancia, la destrucción y la persecución de la masonería. Sería una época de denuncias y anónimos contra los masones por su condición de librepensadores y se producirían la incautación de sus propiedades junto a las inhabilitaciones, condenas de prisión o ejecución durante estos años de dictadura franquista.

Con el nuevo periodo democrático la masonería puede volver a reorganizarse al adquirir la legalización. Comienza así una etapa producto de toda la gran herencia masónica mencionada anteriormente y de una enorme actividad en la sociedad canaria, fructífera, tolerante y sensible con los valores de la Masonería, y cuya condición y características estarían marcadas por el hecho geográfico insular, el cual funciona como puente masónico entre tres continentes, así como de la visión de las distintas obediencias masónicas de una tierra generosa y abonada para la masonería.



Nuestra Logia

A principios del año 2008, un grupo de mujeres y hombres con inquietudes por el trabajo y crecimiento masónicos deciden fundar una logia mixta en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, constituyéndose así en la primera logia mixta en la Provincia de Las Palmas, que desde su nacimiento nace con la divisa de igualdad al obtener su Carta Patente en ese mismo año.

Es en el año 2016 cuando se produce el debate sobre la elección de un nuevo título distintivo para nuestra logia. Los miembros fundadores habían optado por la elección de un nombre que reconociera la figura del masón y político Juan Rodríguez Doreste, siendo éste el primer nombre de la logia, registrada con el número 68 dentro de la Obediencia.

La evolución de la logia, la madurez y el afianzamiento del proyecto de la misma generan una interesante reflexión interna con el objeto de valorar el cambio de su título distintivo. Tras un largo proceso de estudio y debate se opta por la elección del nuevo nombre como Logia Bentayga nº 68, quedando vinculado dicho nombre con el carácter simbólico, histórico, social, geográfico y geológico de la isla que significa el nombre de Bentayga para los grancanarios, roca volcánica que emerge en las cumbres como una de las dos columnas simbólicas de la orografía de nuestra Isla.

El concepto de masonería que trabajamos es el de una masonería que bulle, que alberga una curiosidad inagotable, ávida de conocimiento y deseosa por compartir. Esto nos ha llevado a poner especial dedicación en confluir y establecer lazos, no sólo en la distancia sino también de manera física, con las Logias de las diversas Obediencias con representación en la isla, así como con los diversos talleres que la Gran Logia Simbólica Española auspicia en el resto del país. La noción de una masonería global y unida que trabaja de manera conjunta por la justicia, la libertad individual, la igualdad de oportunidades y el librepensamiento, humanista y progresista es, asimismo, una idea desde la que se trabaja de manera constante y activa en nuestra Logia, convencida de la capacidad del ser humano de hacer que estos conceptos dejen de contemplarse como meros elementos de una utopía social y puedan elevarse y hacerse realidad.

Sus trabajos tienen lugar una vez al mes con el fin de crear así un hábito masónico que contribuya al desarrollo del sentimiento de pertenencia a una logia y la necesidad del crecimiento personal a través del pulido de nuestra piedra bruta. Bentayga, además, está abierta a cualquier persona libre y de buenas costumbres.



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